Hay bodas que nos recuerdan lo afortunados que somos por hacer este trabajo. La de Fran & Jaime, en El Torreón de Don Jacinto, fue una de esas. No solo porque el lugar, en plena naturaleza en Galapagar, sea espectacular, sino porque ellos hicieron que cada momento fuera único con su simpatía, su complicidad y su alegría contagiosa.
Además, nos salvamos de la lluvia por los pelos. Unas nubes amenazantes parecían querer aguar la fiesta, pero al final, todo salió perfecto. Como si hasta el cielo supiera que esta boda merecía celebrarse sin interrupciones.
Desde el primer minuto, nos sentimos como en casa. Su pasión por el buen vino se hizo notar, con brindis llenos de significado, copas alzadas entre carcajadas y una celebración en la que cada detalle tenía su esencia. Y es que,
cuando los novios disfrutan tanto de su día y de la gente que les rodea, el ambiente se vuelve mágico.
Capturar su boda fue como fotografiar a dos amigos celebrando el amor de la mejor manera posible. Entre el verde de la finca, la energía de todos los que les acompañaban y el alivio de que la lluvia nos dio tregua, la jornada fue una mezcla perfecta de emoción, risas y momentos inolvidables.
Aquí te dejamos algunos de esos recuerdos. Si buscas un fotógrafo de bodas que se involucre, disfrute contigo y capture cada instante con la emoción que merece, nos encantará ser parte de tu historia. ¡Hablemos!